Alejandro Elizondo
Kotasek
Neurotransformación financiera 360
Piensa, decide y actúa como millonario
Neurotransformación financiera 360 parte de una premisa clara y poderosa: el verdadero cambio financiero no comienza con el dinero, sino con la forma en que pensamos, decidimos y actuamos frente a él. En este libro, Alejandro Elizondo Kotasek, empresario, inversionista, líder de equipos y autor, comparte una visión profunda y práctica sobre cómo la mentalidad, los hábitos y el enfoque correcto influyen de manera determinante en tu crecimiento financiero. A partir de su experiencia, te acompañará a desarrollar:
• Estrategias para reconfigurar tu mentalidad hacia la abundancia. • Hábitos de salud financiera. • Sistemas diseñados para construir libertad financiera con propósito.
© 2021
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Alejandro Elizondo Kotasek
Alejandro Elizondo Kotasek es empresario, inversionista, líder de equipos y autor, enfocado en la toma de decisiones financieras como elemento clave para la generación de valor y la construcción de patrimonio a largo plazo.
Cuenta con una maestría en Administración con especialidad en Finanzas y posee una base sólida y práctica en análisis financiero y estrategia. A lo largo de su trayectoria ha construido y desarrollado negocios, liderado equipos comerciales y participado en proyectos de inversión, combinando experiencia corporativa con iniciativas empresariales en distintos sectores. Su enfoque se basa en principios financieros sólidos, mentalidad, disciplina, estrategia y una comprensión clara de cómo las decisiones y los hábitos impactan los resultados económicos.
Es autor de Neurotransformación financiera 360, una obra que propone que el dinero no es meramente un tema banal o técnico, sino un reflejo directo de la mentalidad, las creencias y la capacidad de actuar con perseverancia y consistencia en el tiempo. A través de sus aportaciones, busca ayudar a las personas a pensar, decidir y actuar conforme a un plan integral de vida y financiero con el objetivo de construir una vida con más libertad, estabilidad y dirección.
“Tomar mejores decisiones financieras cambia más vidas que ganarse la lotería”.
—Alejandro Elizondo Kotasek
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Neurotransformación financiera 360
Neurotransformación financiera 360 parte de una premisa clara y poderosa: el verdadero cambio financiero no comienza con el dinero, sino con la forma en que pensamos, decidimos y actuamos frente a él. En este libro, Alejandro Elizondo Kotasek, empresario, inversionista, líder de equipos y autor, comparte una visión profunda y práctica sobre cómo la mentalidad, los hábitos y el enfoque correcto influyen de manera determinante en tu crecimiento financiero. A partir de su experiencia, te acompañará a desarrollar:
• Estrategias para reconfigurar tu mentalidad hacia la abundancia. • Hábitos de salud financiera. • Sistemas diseñados para construir libertad financiera con propósito.
“Tomar mejores decisiones financieras cambia más vidas que ganarse la lotería”.
Leer el libro Neurotransformación Financiera 360, de Alejandro Elizondo, fue una experiencia profundamente enriquecedora. Es una poderosa propuesta que nos conduce al verdadero origen de las decisiones que tomamos.
En esta obra, Alejandro va más allá de la educación financiera convencional y revela cómo la mentalidad de abundancia, las creencias, los hábitos y los principios de las finanzas personales están estrechamente relacionados. Su visión, es profundamente transformadora, pues despierta en el lector la posibilidad de cambiar desde dentro y con ello, generar nuevos resultados en su vida. Nos muestra que nuestra relación con el dinero no es solamente técnica, sino profundamente neuropsicológica.
Propone un verdadero proceso de entrenamiento personal, donde la: disciplina, la constancia y la transformación de las creencias limitantes son aspectos clave en la formación de nuestro "Mapa Mental Financiero". Por esta razón, Neurotransformación Financiera 360 se convierte en una poderosa herramienta para jóvenes, adultos, padres de familia y educadores que desean construir una sólida educación financiera, así como una mentalidad crítica, de autoconocimiento y de sentido de vida
DR. JESÚS AMAYA Catedrático, conferencista y coautor del libro Padres obedientes, hijos tiranos.
Neurotransformación financiera 360
Capítulo 1
PASADO (Piensa)
Explora y reprograma tu mapa mental sobre el dinero
No basta con saber qué es el dinero; también es clave entender por qué pensamos lo que pensamos acerca del dinero y analizar si esa mentalidad nos funciona o no. Como muchas cosas en la vida, el significado del dinero es relativo: depende, en gran medida, de las creencias de cada quien. Tal vez te preguntes: ¿cómo que el dinero es relativo? Si lo podemos tocar, oler, contar, usar para comprar algo tangible o pagar un servicio, incluso es posible visualizar cómo el saldo de nuestra cuenta bancaria sube o baja. Eso suena bastante real, ¿no?
De acuerdo, la parte física y visual del dinero —ese billete, esa moneda, esos dígitos en la pantalla— es concreta, pero lo que realmente da sentido al dinero no es su forma, sino lo que representa para cada uno de nosotros. Ahí surge su dimensión intangible: el significado que le atribuimos según nuestro origen, nuestro entorno, nuestra infancia y, sobre todo, según las experiencias que hemos acumulado hasta hoy.
Cada persona es única y posee su propio sistema de creencias; por eso todos interpretamos el mundo —y el dinero— desde nuestro propio mapa mental, ese conjunto de experiencias, valores y aprendizajes que moldean nuestros hábitos —nuestro presente— y, a su vez, nuestras decisiones diarias respecto al dinero, lo cual construye nuestro futuro. Si le preguntáramos a un grupo de personas de distintas culturas qué significa el dinero para ellas, probablemente obtendríamos respuestas muy diversas; incluso si pertenecieran a la misma cultura, hallaríamos diferencias. Para algunos, el dinero representaría libertad; para otros, preocupación; para otros más, poder o seguridad. En la mayoría de los casos, esas respuestas estarían profundamente influenciadas por ideas que aprendieron —y repitieron— sin cuestionar; ideas heredadas de padres, familiares, amigos, pareja o su entorno más cercano.
Se trata de patrones mentales preconcebidos por alguien más que frecuentemente aceptamos y adoptamos por repetición o inercia, sin darnos cuenta. Generalmente, provienen de personas que nos quieren, que nos transmitieron esas ideas con la mejor intención: protegernos. Y lo mismo podríamos estar haciendo nosotros con quienes amamos, ya que, con el tiempo, esos pensamientos se convierten en estructuras que quedan enraizadas con fuerza en nuestro subconsciente. Y así, seguimos reaccionando ante el dinero como lo hacíamos desde pequeños o como observamos que lo hacían los demás.
Ahora bien, si no estamos obteniendo los resultados que deseamos, ¿por qué seguiríamos repitiendo los mismos patrones mentales? Albert Einstein lo expresó con claridad: “Locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes”. No podemos transformar aquello que no hemos identificado ni observado con atención. Este es el momento para identificar, cuestionar y desaprender creencias limitantes sobre el dinero y elegir nuevas creencias que te acerquen a la vida que quieres. En esta primera parte del libro comenzarás a transformar tu relación con el dinero desde tu pasado y a desarrollar una mentalidad de riqueza.
Para reflexionar
● ¿Qué he aprendido sobre el dinero hasta ahora?
● ¿De dónde viene mi programación mental acerca del dinero y quién fue mi principal influencia?
● ¿Qué pienso yo realmente sobre el dinero?
● ¿Cómo mis creencias acerca del dinero han influido en mis hábitos y decisiones financieras?
Si deseas cambiar el mundo,
empieza por cambiarte a ti mismo.
Capítulo 2
Punto de partida: dónde estás y hacia dónde quieres ir
No importa cuál sea tu religión o si no profesas ninguna: al creer en un ser superior o en Dios —como es mi caso— y actuar con fe, te alineas con el universo y, con ello, pueden ocurrir verdaderas maravillas desde tu interior hacia afuera. Tu crecimiento personal es el timón que guiará tu camino hacia la libertad financiera y tu autorrealización.
Si deseas que tus ingresos y tu cuenta personal crezcan, primero necesitas crecer tú. Ese es el verdadero orden del progreso: ser, hacer y tener. Con frecuencia creemos que primero debemos tener para luego ser, pero en realidad, para tener, antes hay que ser. Nunca se trata solo de si hoy tienes dinero o no. ¿Sabías que existen otros recursos igual de poderosos que ya habitan en ti?: tu mente, tu creatividad, tu actitud, tu persistencia, tu disciplina, tus talentos y tu voluntad.
Todos, sin excepción, nacemos con esa riqueza interior. Ese es nuestro patrimonio natural, el que Dios y el universo nos dan con su infinita bondad y con el que llegamos al mundo; un mundo lleno de abundancia cuando nos sintonizamos con esa frecuencia. Ahí comienza la verdadera mentalidad de abundancia —que más adelante exploraremos con mayor profundidad—: al reconocer que ya cuentas con un capital interno compuesto por tu esencia, tus dones y fortalezas. A veces cuesta identificarlos, pero todos recibimos algo por derecho divino, y ese es el punto de partida de nuestro viaje hacia la libertad financiera. El primer paso consiste, así, en reconocer con claridad quién eres en tu esencia más pura, dónde estás y hacia dónde quieres ir, comprendiendo que lo que haces y lo que tienes hoy es un reflejo directo de la versión de ti que eres en este momento.
Tener claridad sobre tu situación actual es indispensable para trazar la ruta hacia el lugar que deseas conquistar; es decir, hay que mapear las acciones necesarias para ir del punto de partida A al punto de llegada B. Para lograrlo, hay que responder dos preguntas básicas: ¿en dónde estoy parado realmente? y ¿a dónde quiero llegar? Solo cuando esos dos puntos están claramente definidos es posible identificar las acciones intermedias y específicas entre uno y otro. Este proceso es similar a activar un GPS interno. Ningún sistema de navegación puede trazar una ruta si no conoce las coordenadas exactas del punto de partida y del punto de destino. Pretender avanzar sin esa información es como exigirle al GPS que te lleve a algún lado sin ingresar el destino ni desde dónde sales.
El riesgo de no tener claro tu punto de partida ni hacia dónde quieres ir es alto: puedes pasar la vida caminando en círculos. Es la famosa carrera del ratón, muy común en el ámbito financiero y, en general, en la vida. Mucho esfuerzo, mucho movimiento, pero poca dirección. Cuando no hay destino, resulta casi imposible establecer metas claras, y sin metas claras, la frustración, la desmotivación y la desesperanza aparecen con facilidad. Es equivalente a avanzar a ciegas: tomando rutas equivocadas que no necesariamente están alineadas con tus verdaderos objetivos o con tu propósito de vida.
Ahora bien, cuando hablo de punto de partida, no me refiero a uno solo ni definitivo. ¡No existe un único punto de inicio en la vida! Más bien hay hitos, momentos de quiebre o parteaguas. Llegas a un punto B y, una vez ahí, ese mismo punto puede convertirse en un nuevo punto de partida hacia otro. Esto implica dar pequeños pasos disciplinados de manera progresiva y en forma consciente, constante e intencional. Así funciona el crecimiento.
Uno de mis primeros puntos de partida fue a los 18 años. Caminaba por la calle repartiendo solicitudes en distintos establecimientos para conseguir trabajo. Salí a buscar oportunidades con lo que tenía en ese momento, sin contactos ni recomendaciones; fue así que me probé como mesero y comencé a recibir mis primeras remuneraciones constantes: aprendí, por primera vez, el valor del servicio con el cliente y descubrí que me gustaba generar mi propio ingreso.
Estaba en plena búsqueda de mi camino. Acababa de regresar de un año de intercambio estudiando inglés en Dakota del Norte, Estados Unidos. Quería estudiar una carrera profesional, pero aún no sabía cuál. Meses después ingresé a la universidad para cursar Mercadotecnia, sin imaginar que sufriría un grave accidente.
Volqué el automóvil que conducía —un Volkswagen antiguo— en una avenida principal, de madrugada. La razón fue que me quedé dormido unos segundos al volante, agotado por los desvelos, las fiestas, el trabajo y los exámenes. Afortunadamente, viajaba solo. Ese momento marcó una reflexión profunda. Lo interpreté como una señal, como una segunda oportunidad que me otorgaba Dios para hacer algo con mayor sentido en mi vida. Muchos jóvenes a esa edad no corren con la misma suerte.
A los 19 años tuve otro punto de partida importante: mi primer empleo formal en un banco. Era un trabajo operativo, repetitivo y monótono. Pasaba horas capturando información y siguiendo procesos mecánicos, sin espacio para la creatividad, pero estaba desarrollando disciplina. Recuerdo que lo que más llamaba mi atención era interactuar con los clientes y escuchar sus historias mientras realizaba sus depósitos y retiros. Me preguntaba cómo serían los negocios de esas personas y cuáles serían los patrones detrás de la economía de cada cliente.
Esas primeras experiencias me dejaron lecciones valiosas: la responsabilidad del trabajo, servir para agregar valor y la importancia de escuchar al cliente, algo que más adelante me conectaría con el mundo de las ventas y del emprendimiento. También aprendí lo que NO quería hacer el resto de mi vida: un trabajo monótono.
Un año después decidí explorar otro camino. Con algunos ahorros y guiado por mi instinto creativo, comencé a tomar clases de medios audiovisuales por las tardes mientras seguía en la universidad. Al poco tiempo logré entrar como practicante —sin sueldo— en una reconocida cadena de televisión, primero como asistente de producción y luego como editor. Más adelante, obtuve una posición remunerada como productor de comerciales.
Era un trabajo creativo que disfrutaba profundamente porque me exigía pensar, proponer y resolver. Tenía tanta hambre de crecer que acepté turnos nocturnos y fines de semana durante más de un año, mientras continuaba estudiando. Dormía apenas unas horas por la mañana y retomaba clases por la tarde antes de regresar a la televisora.
Con el tiempo logré posicionarme y mejorar mis horarios. Sin embargo, enfrenté una realidad: el trabajo era mal remunerado. Entendí que con solo trabajo duro y un ingreso fijo no sería suficiente para prosperar financieramente. Tal vez en aquel momento lo percibía más desde la intuición que desde la conciencia, pero sabía que necesitaba generar mayor valor en el mercado.
A los 25 años tomé una decisión compleja en aquel momento de mi vida: dar un giro radical de 180 grados. Y es así como llegué al mundo de las ventas, otro punto de partida que transformó mi vida. Después de más de veinte años, puedo decir que las habilidades que he desarrollado en esta área me han brindado algo invaluable: crecimiento económico, ingresos variables y exponenciales, la posibilidad de generar relaciones de ganar-ganar con empresas y personas, y la oportunidad de emprender y desarrollarme como empresario e inversionista, dentro y fuera de las corporaciones donde he colaborado.
Con los años, mi curiosidad, interés y disciplina por aprender y crecer en mis finanzas personales me han llevado a estudiar el dinero desde su raíz y la experiencia en carne propia, a desarrollar mis finanzas e inversiones con una mentalidad de abundancia y, a través del tiempo, a honrar mi vocación de compartir con otros lo que he aprendido.
Mirando atrás, entiendo que cada punto de partida fue necesario para construir el camino que hoy recorro. Es válido cambiar de ideas y rectificar la estrategia para trazar nuevos objetivos y sueños conectando los aprendizajes obtenidos en cada etapa.
Esta parte de mi historia también me enseñó que no todo terreno es fértil para sembrar y que siempre puedes aprender tanto de las buenas como de las malas experiencias. Por ejemplo, si no estás obteniendo crecimiento económico, profesional o personal, cuestiónate: ¿cuál es el valor que estás agregando en ese momento al mercado?, ¿cómo puedes agregarle mayor valor? Y si lo que haces día a día está alineado con tus objetivos de vida, ya que permanecer demasiado tiempo sembrando en tierra árida tiene un costo alto. Saber reconocer cuándo un punto de partida ya cumplió su función es tan importante como saber identificar el siguiente. El quedarse demasiado tiempo en un estado de confort puede hacer que la inercia se apodere de tu vida y dejes de lado el verdadero propósito del para qué estás haciendo las cosas todos los días.
Nuestros pensamientos generan emociones, nuestras emociones influyen en nuestras decisiones y estas en nuestras acciones, mismas que determinan nuestros resultados. Lo que eres y tienes hoy —sea mucho o poco— es fruto directo de esa cadena. Nadie más puede hacerse responsable de tu destino; recuerda: no existen víctimas exitosas. La integridad consiste en mantener coherencia entre pensamientos, palabras y acciones, guiadas por tus valores y tu filosofía de vida. Antes de cambiar tu futuro, te invito a detenerte, observarte con honestidad y visualizar a la persona en la que deseas transformarte. Realiza un autodiagnóstico sincero para identificar las diferencias entre lo que piensas, haces y tienes hoy frente a la mejor versión que puedas proyectar de ti mismo y de la vida que realmente anhelas.
El éxito pertenece a los valientes, no porque no sientan miedo, sino porque toman acción lo mejor que pueden en el momento que tienen que hacerlo, a pesar del miedo. Los valientes en la vida son quienes enfrentan la adversidad con resiliencia. Pueden equivocarse, pero, si caen, se levantan una y otra vez porque entienden que cada tropiezo forma parte del camino y que pueden capitalizarlo en aprendizaje. Como escribió Napoleon Hill en Piense y hágase rico: “Toda adversidad lleva consigo la semilla de un beneficio equivalente o mayor”. Tu tarea es cultivar esa semilla, porque el cambio verdadero no comienza cuando cambian tus circunstancias, sino cuando tú decides cambiarlas desde dentro.
Una historia para inspirarte
Walt Disney nació en Chicago a finales de 1901, creció en una familia humilde y, de niño, repartió periódicos en las madrugadas heladas para ayudar a su papá. Muchas veces dibujaba en cualquier pedazo de papel que encontraba, incluso en los márgenes de sus tareas. Trabajó como ilustrador comercial y fundó pequeños estudios que terminaron en bancarrota, como Laugh-O-Gram. Durante esa época vivía en Kansas City, en una oficina, y sobrevivía comiendo latas de frijoles porque no podía pagar algo mejor. Aun así, seguía dibujando personajes y soñando con historias más grandes que su realidad.
En 1923 se mudó a Hollywood con la convicción de construir, poco a poco, lo que después se convertiría en The Walt Disney Company, un imperio del entretenimiento, la magia y la diversión valuado hoy en cientos de miles de millones de dólares. Incluso uno de sus mayores éxitos nació de una pérdida: después de que le quitaran los derechos de un personaje en el que había trabajado, decidió crear uno nuevo. Así, en 1928, creó, junto con su hermano Roy, a Mickey Mouse, personaje que marcaría un antes y un después en la industria de la animación. La historia de Disney no es solo la de un soñador que triunfó, sino la de alguien que se enfocó en lo que sabía hacer mejor: imaginar mundos que conectaran con las emociones de las personas. Su vida demuestra que, cuando alguien identifica sus fortalezas y decide desarrollarlas con disciplina, puede generar abundancia no solo para sí mismo, sino también para millones de personas alrededor del mundo.
Para reflexionar
Reconocer tus talentos y fortalezas te permitirá conocerte mejor y diseñar una vida alineada con quien realmente eres. Una de las formas más prácticas de identificarlas es poniendo atención en aquello que te apasiona hacer o en las actividades que te resultan naturalmente fáciles. Muchas veces, esas pistas están tan integradas en tu día a día que son difíciles de identificar. Para ayudarte a descubrirlas, reflexiona sobre estas preguntas:
● ¿Qué se me facilita mucho hacer?
● ¿Qué disfruto profundamente hacer?
● Cuando he superado retos importantes, ¿qué habilidades usé?
● ¿En qué situaciones me buscan los demás para pedirme ayuda o consejo?


